Vamos a aterrizar un poco más profundo.
A partir de aquí quiero que tomes tu mayor compromiso con tu proceso, que asumas el 100% de tu responsabilidad con tu cambio y que seas honesta contigo misma. Desde ese lugar, el éxito es inevitable.
Muchas veces queremos los peces pero los queremos de una determinada forma única y exclusivamente. No queremos atravesar la incomodidad, lidiar con los derechos de los demás, etc.
Queremos “trabajárnoslo” para que no haya incomodidades. Por eso “no te funciona nada” y siempre estás igual, estás rascando en el túnel incorrecto luchando contra los elementos y estás agotada seguramente, por cierto jajaja.
Primero vamos a ver ejemplos para que comprendas qué es un secuestro mental.
Un secuestro mental es cuando ocurre lo que sea, reacciono de determinada forma y me engancho tanto a la situación como a la emoción que me genera, me engancho quiere decir que me instalo en esa emoción y no la puedo soltar, me cuesta infinito. Se instala en bucle y no puedo salir de ahí. Mi mente se queda retenida en cuanto a eso.
Todas las emociones tienen su función biológica y no está mal ninguna. Pero sobre todo las emociones están para transitarse, no para engancharse a ellas.
Datito gafapasta: cuando tu mente se estresa tu corteza prefrontal se encoge. La corteza prefrontal es la encargada de la lucidez y toma de decisiones por lo que cuando se encoge, nos nublamos mentalmente.
Si sumamos este dato a que en la neurología humana recibimos 11 unidades de información por segundo, te puedes imaginar que desde lo que recibimos que ha pasado a lo que realmente ha pasado hay un margen de error grande y un filtro de interpretación importante por tus creencias, historias, secuestros varios, modelo de mundo y cómo creemos que deben ser las cosas.
Todo ese filtro es lo que hace que el nivel de estrés aumente por la interpretación del conflicto que estamos haciendo y las partes de la situación que estamos obviando.
Pero por qué algo es un secuestro y qué características tienen en común:
- Foco fuera: quiero que todo cambie pero no cambiar yo. No me responsabilizo de mi parte, echo balones fuera.
- Foco en cómo tienen que ser las cosas: foco fuera. Salimos cuando miramos no “las cosas” sino qué nos detona, cómo reacciono y qué hace que me enganche.
- Solo me desengancho cuando el resultado es lo que yo quiero. Ego frente a aceptación, no hay conciencia ni madurez emocional.
¿Os suena alguna?
Vamos con Ejemplos de con qué situaciones solemos secuestrarnos para que lo veas mejor:
Entonces te preguntarás, entonces cuando me hacen algo que no me gusta, ¿me tengo que aguantar?. ¡Obvio no! Lo primero: haz siempre lo que quieras, faltaría más jajaja.
Lo segundo: gestiona sin engancharte.
Es súper lícito enfadarse, estar triste, alegre y todo lo que queramos, recuerda que las emociones se transitan.
Gestionamos el conflicto pero no nos enganchamos a él.
Gestionamos el conflicto pero no ocupa todo nuestro tiempo mental.
Gestionamos el conflicto y asumimos nuestra parte de responsabilidad sin perseguir que el otro asuma la otra parte.
Asumo lo que me toca, gestiono y suelto lo demás.
Pero, ¿por qué nos cuesta soltar el resto? ¿Y cómo lo suelto si me engancho?
Siendo consciente.
Buscando el beneficio secundario de engancharte (lo veremos en la parte II)
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