27. Cómo saber si estás haciendo lo correcto (en tu empresa y en tu vida)

Muchas veces tenemos miedo por estar tomando malas decisiones.

Necesitamos la confirmación de ir por el camino correcto, e incluso cuando creemos que lo es, necesitamos confirmación externa de que lo es.

No es lo que hagas es la intención que le pongas.

¿Te suena? Escucha el capítulo de hoy.

 

TRANSCRIPCIÓN

Tengo mucho miedo a no estar haciendo lo correcto.

Cambio de idea mil veces, miles, construyo y destruyo porque no tengo claro qué es lo mejor para mí.

 

A mis años y aún no he encontrado mi propósito de vida, algo de lo que estar convencida y segura.

 

¿Te ocurre?

 

Hola a todos, soy Ire Martín, publicista, escritora y diplomada en bne, y en este podcast hablamos de mentalidad, negocios, psicología y mucho amor con humor.

 

¿Qué tal estáis? Espero que pasando un rato relajado pero despierto.

 

Lo primero que quiero es agradecer el ALUVIÓN de mensajes que recibí por el podcast anterior. Creo que es el que mayor impacto ha tenido sin ninguna duda, así que GRACIAS.

 

En muchos de esos mails se mencionaba un mismo punto: la duda de estar haciendo lo correcto, no tener claro el propósito, hacer y deshacer…

 

Así que aunque es algo que trataremos en el training, quería dedicarle un episodio especial porque fuisteis MUCHAS las personas en esta situación tanto por email como en Instagram.

 

Se sumó las respuestas en la comunidad de Instagram donde más de un 80% contestó que no estaba convencida de estar donde debían estar.

 

Es un tema que me toca muy de cerca y supongo que por eso han salido como setas las personas que resonaban con esto.

 

Ya os he contado alguna vez que yo siempre he sido una persona terriblemente insegura PARA TODO.

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Necesidad constante de aprobación para dar cualquier paso. Por supuesto aprobación de personas que realmente no tenían un criterio veraz sobre la temática. Si preguntas a un funcionario sobre emprendimiento le puede parecer precioso pero no está en el meollo del asunto. Pues, literalmente, ese era mi criterio al pedir opiniones. Primaba la cercanía al criterio.

 

Me daba (yo no lo sabía pero me daba) tanto miedo salir del cascarón, que prefería ir lenta pero protegidita.

 

Igual que hablábamos en al capítulo anterior de las iluminaciones puntuales donde nos damos cuenta de algo y vamos palante.

 

También ocurría al intentar tomar decisiones. Cuanto más importantes, más me costaba. Aunque siendo sincera, las decisiones tontas también me costaban.

 

Yo sentía que tenía que hacer algo más grande. No por ego, sino porque lo que hacía no terminaba de llenar un vacío que yo tenía.

 

El fallo, en este caso, estaba en que estaba mirando el síntoma y no el problema.

 

El problema no era lo que hacía. El problema estaba en cómo yo lo percibía e interpretaba.

 

Restándole valor.

 

Quitando importancia a cada cosa que conseguía, justificando que había sido fácil o que cualquiera lo hacía.

 

Nada era suficiente. Por supuesto que también descartaba cualquier propósito. O no era buena yo o no era bueno el propósito.

 

Y seguía estudiando y olvidando lo que había estudiando. Con el pleno deseo de que algo de lo que entraba en mi cabeza, se quedara y cambiara las cosas.

 

Cambiara mi destino.

 

Cambia, cambia, por favor. Haz algo, sálvanos. Esto es lo que me repetía constantemente.

 

Viviendo en una vida muy a medias lleno de abundancia que no me nutría. El vacío no estaba en lo que ocurría fuera.

 

Estaba en lo que ocurría dentro.

 

No encontraba propósitos que me llenasen y descataba todo porque buscaba un sentimiento de alivio a todo ese pesar que tenía.

 

A lo mejor suena un poco flipado pero llevo muchos meses levantándome feliz por la mañana.

 

Riendo a carcajadas cada día y no midiendo mi valor.

 

No es el discursito de “me quiero más, ou yeah”. Directamente no me nace medirlo.

 

Es como cuando quieres adelgazar y te obsesionas y al terminar el día vas midiendo si has comido bien o mal. La misma gilipollez.

 

Yo medía mucho si estaba a la altura o no. Comparado con los demás, con mis standares de calidad inalcanzables, etc.

 

Escribía un post en el blog que me encantaba pero a las horas, cambia de idea y lo quitaba.

 

Y mira, os voy a confesar algo. Justo me ocurrió esto la semana pasada. Grabé el podcast y el sábado pensé… Lo mismo no es muy bueno, grabo otra cosa? Y luego recordé… Que eso era irreal y que mi filtro fiel a la infravaloración familiar, no era el filtro de quien me veía.

 

El resultado: boom. Pero hay que atravesar el miedo y entregar el resultado.

 

Hacer porque sientes.

 

Y no pensar una estrategia mentalmente y luego sentirla. Más bien al revés. Primero sentirlo y luego trazar un plan. Aunque en mi experiencia el plan suele llegar solo.

 

Pero no dejamos que baje. A nuestra cabeza, a tierra, a aterrizarlo sobre un papel físico o digital.

 

Dejar de revisar todo lo que hago y simplemente saltar y saltar y saltar, como Indiana Jones, antes de que saliera el puente. Es una práctica que desde que la hago, me entra ese cosquilleo de “que locura” y ese placer de “lo hemos hecho”.

 

Jugar a vivir sin revisarnos, sin medir si lo que hacemos es bueno, muy bueno o malo.

 

Jugar a ser lo que somos. Sin anestesias egoicas, sin standares, sin intentar llenar un hueco emocional que solo nos corresponde llenar a nosotros.

¿Y cómo lo lleno?

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Esta fue una pregunta que me hice durante muchísimos años.

 

La respuesta PARA MÍ fue: perdonándote.

 

Me tuve que perdonar por no verme.

Si yo no me veía, cómo iban a verme otros.

 

Me tuve que perdonar por no valorarme.

 

Si yo no me valoraba, quien iba a valorar y pagar por lo que hacía.

 

Me tuve que perdonar por el juicio extremo a mi evolución, que yo catalogaba de inevolución solo porque no dejaba crecer las plantas. La misma gilipollez que sembrar una semilla en un tiesto y enfadarte todos los días que te levantas la miras y ves que no ha salido la zanahoria. Vaya mierda, qué inútil, seguro que lo hemos hecho mal y no nace nada ahí.

 

En cambio, si riegas, aprendes, observas y haces todo, CADA PASO, con todo tu amor, entonces dará igual si sale o no la zahanoria, porque ya habrás llenado tu vacío.

 

La clave está en hacer la práctica de amar PLENAMENTE cada acción que haces. Hoy estás en un trabajo que no te gusta y aún no sabes si mañana te echarán, lo dejarás o qué va a pasar. Vale, pues hoy haz ese trabajo poniendo todo tu amor. TODO.

 

Queremos que nos llegue toda la abundancia, toda la visibilidad, todas las ideas, todo el foco, sin tener las manos preparadas para acogerlo.

 

Tan conflictivo es que no llegue nada como que llegue todo demasiado pronto.

 

Me costó mucho entender esto. Lo entendía con la mente porque era lógico pero hasta que no empecé a recibir abundancia a saco (y no hablo de dinero, hablo de amor), no comprendí eso.

 

Si cuand hace 8 años yo lloraba cada día de mi vida, me hubiera llegado todo el dinero y el reconocmiento que yo tanto anhelaba, no lo habría sabido gestionar. En ese momento seguro que pensaba que sí que sí. Pero ahora, en otro nivel de conciencia veo que no.

 

Y esto me da una paz brutal porque sé que cada día. CADA PUTO DÍA, me estoy acercando a recibir más y más. ¿De qué? No lo sé ni lo necesito saber. Solo sé que lo iré viendo.

 

No hago nada por miedo a perder mi valiosísimo tiempo, por miedo a que no funcione. Mentira. Es por miedo a que sí funcione.

Todo esto lo vamos a ver en mi training gratuito Salir de la incertidumbre, vivir en la abundancia que si no te has apuntado, puedes hacerlo aquí ahora mismo.

Espero que te haya gustado este episodio. Nos vemos muy pronto, un beso enorme y que no sea un día cualquiera.

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3 comentarios
  1. Elvi 21 de septiembre de 2020

    Buenos días,yo me dedico a la repostería creativa con historia y siento que no avanzo. Necesito una mentora. Gracias,un saludo.

    Responder
  2. Claudia 3 de octubre de 2020

    Dios Ire, que podcast más hermoso, parece que me estas hablando a mi, realmente creo que tengo mucho que perdonarme.

    Responder
    • Ire Martin 6 de octubre de 2020

      Me alegro mucho de que te guste, Claudia. Todos tenemos mucho que perdonarnos, estamos en el camino. Un beso enorme

      Responder

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Si eres nuevo por aquí, debes saber que soy escritora, publicista especializada en psicología de la comunicación y diplomada en Bioneuroemoción®. Tengo tendencia a lo políticamente incorrecto, escribir sin filtro y ahuyentar el postureo, por lo demás no tienes nada que temer. Esta es tu casa, puedes pasearte descalzo.